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RELILOMO

Hambre, ¿quién es el responsable? (8)

Hambre, ¿quién es el responsable? (8)

LA COMUNIDAD INTERNACIONAL. Las ONG denuncian que su capacidad de reacción está cada vez más instrumentalizada por los gobiernos, y que se enfoca en función de los intereses nacionales. (Foto: ACH)

Hambre, ¿quién es el responsable? (7)

Hambre, ¿quién es el responsable? (7)

FACTORES. Los conflictos armados, las epidemias, convulsiones políticas están en las causas del hambre, pero también la inercia de la comunidad internacional y los propios gobiernos afectados. (Foto: ACH)

Hambre, ¿quién es el responsable? (6)

Hambre, ¿quién es el responsable? (6)

'YO ACUSO'. Los expertos aseguran que las muertes por hambre no obedecen a ninguna fatalidad: detras de cada víctima hay responsables. (Foto: ACH)

Hambre, ¿quién es el responsable? (5)

Hambre, ¿quién es el responsable? (5)

UN ENEMIGO CON MUCHOS ROSTROS. Más allá de las imágenes e ideas preconcebidas, el hambre es un problema de múltiples caras. Hoy más que nunca, la ecuación principal se ha concertido en Hambre = Crisis. (Foto: ACH)

Hambre, ¿quién es el responsable? (4)

Hambre, ¿quién es el responsable? (4)

ARMA DE GUERRA. El hambre antes iba ligado al subdesarrollo. Ahora, a la violencia. Es un efecto buscado en los conflictos y muy fácil de conseguir. (Foto: ACH).

Es posible acabar con la pobreza

Hambre, ¿quién es el responsable? (3)

Hambre, ¿quién es el responsable? (3)

PEQUEÑAS VÍCTIMAS. Los más pequeños son también los más vulnerables. Cada año mueren seis millones de niños menores de cinco años por el hambre y sus consecuencias. (Foto: ACH).

Hambre, ¿quién es el responsable? (2)

Hambre, ¿quién es el responsable? (2)

CADA CUATRO SEGUNDOS, UNA MUERTE. Las consecuencias de la falta de comida causan el fallecimiento de millones de personas en el mundo. (Foto: ACH)

Hambre, ¿quién es el responsable? (1)

Hambre, ¿quién es el responsable? (1)

UNOS 842 MILLONES DE PERSONAS pasan hambre en el mundo. Una cifra que, lejos de disminuir, aumenta cada año. (Fotos: Acción Contra el Hambre)

El rey sabio

Había una vez, en la lejana ciudad de Wirani, un rey que gobernaba a sus súbditos con tanto poder como sabiduría. Y le temían por su poder, y lo amaban por su sabiduría.

Ahora bien, había en el corazón de esa ciudad un pozo de agua fresca y cristalina, del que bebían todos los habitantes; incluso el rey y sus cortesanos, pues era el único pozo de la ciudad.

Una noche, cuando todo estaba en calma, una bruja entró en la ciudad y vertió siete gotas de un misterioso líquido en el pozo, al tiempo que decía: “Desde este momento, quien beba de esta gua enloquecerá”.

A la mañana siguiente, todos los habitantes del reino, excepto el rey y su gran chambelán, bebieron del pozo y enloquecieron, tal como había predicho la bruja.

Y aquel día, la gente en las callejuelas y en el mercado, no hacía sino murmurar: “El rey está loco. Nuestro rey y su gran chambelán perdieron la razón. No podemos permitir que nos gobierne un rey loco; debemos detronarlo”.

Aquella noche, el rey ordenó que llenaran con agua del pozo una gran copa de oro. Y cuando se la llevaron, el soberano bebió ávidamente, y pasó la copa a su gran chambelán, para que también bebiera.

Y hubo un gran regocijo en la lejana ciudad de Wirani, porque el rey y el gran chambelán habían recobrado la razón.

Khalil Gibran. El Loco.

 

Las grandes preguntas de la humanidad

Tú decides

Qué aporta la clase de religión

La multiplicación los panes

Un día en que las multitudes seguían a Jesús, al ver que caminaban muy difícilmente, que se les abría la boca de hambre, que muchos niños lloraban, se le enternece el corazón, le da lástima porque van a desfallecer. Llama a sus discípulos y les dice:

- Hay que buscar una solución inmediata, hay que darles de comer. Ea, dadles de comer.

Se miran todos con cara de extrañeza. Pedro se atreve a decir:

- Pero, Maestro, si aquí no hay supermercados, ni mochilas de comida, ni dónde cazar o pescar.

- Por ahí he visto yo un chavalín, dice Santiago, que traía unos panes y unos pececillos. Los acabará de comprar y se ha unido a nuestra caravana.

- Señor, dice Judas, ya que no hay pan para todos, al menos que haya para ti y algo para nosotros. El más importante eres tú; luego, nosotros que te seguimos de siempre, te entendemos mejor y te ayudamos.

- ¡Qué cara tienes, Judas, qué poco has entendido! Yo empiezo siempre por los últimos o los más débiles; los fuertes, los listos ya se apañan.

- Señor, comenta Mateo, esto es muy grave, vamos a tener que comer hasta las raíces. Yo me acuerdo que, en Caná y otros lugares, te has sacado de la manga comida y hasta vino.

- Ahora tienes la oportunidad de lucirte, de probar lo que eres. ¡Menudo fracaso si alguien se muere de hambre, siguiéndote!, le dice Bartolomé.

- ¡Anda que no sois vivos! ¡Cualquiera confía en vosotros! no tenéis más que frases bonitas... Yo me encargaré de que haya para todos -dice Jesús entre paternal y recriminatorio-. Que se sienten todos. Ponedlos por grupitos, y que el chavalín ese traiga el pan y los peces, para tener una muestra, o ¿queréis un banquete con vino y todo?

- Lo que tú digas, Señor, no vamos ahora a ser exigentes.

- ¡Eh!, empieza a gritar Pedro, sentaos en grupos de doce que va a haber comida para todos. Para el que está de pie nada y, para el niño que llore, tampoco.

Hace Jesús una oración. Y se llenan milagrosamente los cestos de panes y de peces. Parecía un tren de mercancías, o una cabalgata de Reyes. A la gente se le ponían los ojos como bolas de billar. Los discípulos comienzan a coger los cestos y se los llevan de allí junto a los árboles, a la sombrita. Empiezan a comer ellos, tranquilos, e invitan a muchos amigos. Y, mientras comen, rezan, recuerdan y comentan todo lo maravilloso que Jesús dice y hace. Cantan, danzan, ríen, cuentan chistes. Han formado un clima delicioso.

Jesús, que ve el espectáculo, se pone furioso. ¡El colmo! Lo que Él había multiplicado para todos, se lo comían entre unos pocos. Y, lo que era peor, entre los que le seguían más de cerca. Al ver las miradas de pena de la gente, el llanto de los niños y la desvergüenza de los suyos... se levanta, hecho un basilisco, comienza a increparlos, a insultarlos y a punto estuvo de romper una rama de un árbol para pegarles fuerte.

De momento todo se arregló, hubo comida para todos, pero a Jesús le vino una ligera depresión al pensar "¡Qué harán mis discípulos a lo largo de la historia cuando falte Yo!".

Desde entonces, muchos, lo que más valoran, lo que llaman milagro de verdad es que el niño se desprendiera de los pocos panes y peces que tenía. Dicen que, con unos cuantos milagros de ésos, se solucionarían los problemas más graves.

(Alfonso Francia. "Educar en Parábolas". CCS)

 

El ombligo

La naturaleza humana ha dado a cada uno su ombligo. El ombligo nos habla de aquellos primeros meses de nuestra existencia en la que dependimos de nuestra madre. ¡Qué tiempos! ¡Flotando tan calentitos y recogidos! Es cierto que dependíamos totalmente de nuestras madres, pero se estaba tan bien... Tal vez por eso seamos tan aficionados a "mirarnos el ombligo".

En momentos bajos, de tristeza o "depres"... sólo hace falta agachar la cabeza, abrir los ojos y enseguida uno sólo ve el propio ombligo. ¡Qué formidable encuentro!

El ombligo es algo tan cercano, amigable y misterioso que cuesta levantar la mirada de él.

El ombligo de los demás nos suele importar poco. Y es que para ombligo, el que cada uno tiene es el mejor y el centro del mundo.

El ombligo parece señalar el centro de la propia persona... Y cuando uno se convierte en centro, todo lo demás parece girar alrededor e, incluso, llega a desaparecer.

Mirar de cerca el propio ombligo, puedes hacer la prueba, impide muchas veces el ver más allá de uno mismo.

Seguro que Dios, cuando nos dio el ombligo, no imaginó que le íbamos a dar tanta importancia. Si nos volviese a crear, tras la experiencia, nos pondría el ombligo en medio de la frente. De esta manera estaríamos obligados a mirar a los demás. Entonces veríamos que hay ombligos de negros y de blancos, de enfermos y de sanos, de pobres y de ricos, de marginados y de famosos, de tristes y de gente feliz, de... ¡Cuántos ombligos y qué diferentes! No me extraña que Dios no tenga ombligo. ¿Para qué, si no tiene tiempo de mirárselo? ¿Para qué, si Él está siempre pendiente de nosotros?

Carlos G. Vallés

Parábola de la Gratuidad

Parábola actual del Buen Samaritano

Iba una vez un hombre por la carretera con su coche y vio en la cuneta otro coche accidentado, volcado, con un herido dentro. Se paró, bajó del coche, se acercó al otro. A duras penas logró sacarlo de allí, lo montó en el suyo y acudió al pueblo más cercano con el herido. En el puesto de socorro hicieron las primeras curas y nuestro hombre se quedó hasta que le aseguraron que el herido podía vivir. Pero llegó la autoridad judicial y le dijo que no se podía ir, que esperara a prestar declaración. Así lo hizo hasta que se pudo ir.

Pero a los pocos días volvieron a llamarlo para una nueva declaración y ocurrió que el herido se agravó y murió sin haber podido prestar él ninguna declaración. Y entonces nuestro hombre tuvo que volver a declarar una y otra vez. Lo cercaron, intervino la familia del muerto con exigencias y sospechas, con reclamaciones y demandas. Una y otra vez tuvo nuestro hombre que ir a los tribunales. Amargaron muchos meses de su vida, lo trajeron de zarandillo, se vio acusado de criminal o poco menos. Sufría y pensaba: "Yo que acudí a salvarlo me veo ahora acusado de criminal, yo que sacrifiqué mi tranquilidad por aquel hombre y lo saqué de su coche y lo llevé a curarlo y me veo ahora acusado de malvado..:"

Fueron días malos, terribles para aquel hombre bueno y fraternal. Casi se arrepintió de haber hecho el bien. Casi. (...) Por fin todo pasó, todo quedó aclarado.

(...) Y ocurrió que, otra vez, iba él en su coche por la carretera cuando vio un nuevo accidente. Otro coche aplastado. Y ahora iba más gente dentro, había más heridos. Como un relámpago le pasó por la cabeza todo el horror sufrido durante aquellos meses eternos del primer accidente. Pero nuestro hombre no lo dudó o, si lo dudó, salió enseguida de la duda: se paró, salió de su coche y se dispuso a ayudar a los heridos como la primera vez.

Tomado de: Bernardino M. Hernando. El grano de mostaza).

Parte 1

Parte 2

Parte 3

 

 

Cuando un amigo se va

Dedicado a D. César, que marchó a la casa del Padre (+7/04/2008)

En nombre de los estudiantes del I.E.S. Lomo Apolinario, lo único que podemos decirte, estés donde estés, es Gracias. Gracias por todos los años que nos dedicaste. Por la atención que nos prestabas y la pasión que ponías en las cosas que hacías. Gracias por enseñarnos tantas cosas. No sólo en lo que se refiere a la educación, sino también por habernos hecho crecer cada día como personas. Gracias por haber sido siempre de esa forma tan peculiar, la cual te caracterizaba. Esa forma de ser, que sólo podemos recordar los que te conocimos. Siempre fuiste el mejor, y eso, no se olvida tan fácilmente. Una vez más, gracias por haberte cruzado en nuestras vidas.

Nunca te olvidaremos....

(Nidia y Nicole. 4º B)

 

No me llames extranjero

¡Apúntate a clase de religión!

¿Por qué?

  • No pierdes nada y puedes aprender mucho.
  • Pregunta a tus compañeros y fíate de ellos.
  • Pásate por el Departamento de Religión y tendrás información de 1ª mano.
  • La clase de religión no es un rollo... ¡Es cierto! Si no quedas satisfecho, te devolvemos el dinero.
  • No te quitará tiempo de estudio... Y tampoco te preocupes por los exámenes.
  • Es muy útil para tu formación personal...

¡Dale una oportunidad a la clase de Religión!

LA GUERRA

"Una noche, hubo una fiesta en el palacio, y un hombre llegó a arrodillarse ante el príncipe; todos los invitados se quedaron mirando al recién llegado, y vieron que era tuerto, y que la cuenca vacía sangraba. Y el príncipe le preguntó a aquel hombre: "¿Qué te ha ocurrido?" Y el hombre respondió: "¡Oh príncipe!, mi profesión es ser ladrón, y esta noche, como no hay luna, fui a robar la tienda del tejedor, y en la oscuridad tropecé con el telar del tejedor, y perdí un ojo. Y ahora, ¡oh príncipe!, te pido justicia contra el tejedor".

El príncipe mandó llamar al tejedor y, al llegar éste al palacio, el soberano decretó que le vaciaran un ojo.

"¡Oh príncipe!", dijo el tejedor, "el decreto es justo. No me quejo de que me hayan sacado un ojo. Sin embargo, ¡ay de mí!, necesitaba yo los dos ojos para ver los dos lados de la tela que hago. Pero tengo un vecino, de oficio zapatero, que tiene los dos ojos sanos, y en su trabajo no necesita los dos ojos..."

Entonces, el príncipe envió por el zapatero. Y éste acudió, y le sacaron un ojo.

¡Y se hizo justicia!"

Khalil Gibran. "El loco"

La nieta del señor Linh

"La nieta del señor Linh". Philippe Claudel. Narrativa Salamandra.

Argumento: El sr. Linh es un abuelo que, acompañado de su nieta, huye de la guerra. Al llegar al país de acogida se encuentra con una tierra, unas gentes, un idioma y unos olores que no conoce. Enseguida se hace amigo de otro hombre con el que establece una auténtica amistad a pesar de que no pueden comunicarse con palabras. Pero el lenguaje del corazón no conoce fronteras.