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RELILOMO

Estaciones de paso

"Estaciones de paso" de Almudena Grandes. Tusquets editores.

Argumento: Estaciones de paso recoge cinco historias de adolescentes-jóvenes abocados a vivir circunstancias que les sobrepasan, pero que, sin sospecharlo, acabarán forjándolos como adultos. Son historias de determinación y coraje, de conflicto con el entorno familiar, pero también de amor, de educación sentimental y de formación de la conciencia.


Los "pelotas" de un educador

Cierto día un educador preguntó a Jesús:

–Maestro, ¿quién es mi prójimo? ¿A quién debo entregarme con más ahínco, con más fuerza, con más amor?

El Señor se disponía a responder cuando el educador, temiéndose el chaparrón que le podía caer, intentó guarecerse alargando la pregunta:

–¿Y hasta cuándo debo amarle?

Jesús le sonrío y le dijo:

1. Los que van rezagados, hasta que al menos se sitúen en la mitad de la parrilla de salida.

2. Los muy suyos, hasta que aprendan a compartir sus cosas.

3. Los que necesitan beber o “meterse” algo para pasárselo bien, hasta que aprendan a disfrutar manteniendo la cabeza fría y el corazón caliente.

4. Los “amigos” de psicólogos, orientadores y profesores de guardia, hasta que rompan y cambien de amistades.

5. Los “chorizos,” hasta que respeten las cosas de los demás.

6. Los “amargaos de la vida,” hasta que suelten, al menos y en un breve lapso de tiempo, un puñado de sonrisas.

7. Los indiferentes, los apáticos, los comodones, hasta que tomen partido por las cosas.

8. Los que se lo saben todo y se sienten perfectos, hasta que prueben los aspectos saludables del error.

9. Los que siempre llegan tarde, hasta que “enciendan” las luces del local de reuniones.

10. Los fracasados, los derrotados, los pesimistas, hasta que se den cuenta que sólo han perdido una batalla, y que les queda mucha guerra por dar.

11. Los que viven angustiados por problemas en casa, con los amigos, en el instituto, hasta que ese problema “pasa a ser propiedad” al menos de dos.

12. Los “novilleros,” hasta que te hagan olvidar en casa el listado de faltas de asistencia.

13. Los insuficientes, hasta que lleguen al aprobado.

14. Los que salen solos al recreo, hasta que regresen rodeados de un montón de amigos.

15. Los que apenas reciben llamadas de sus compañeros, hasta que les tengas que retirar el móvil por tanto “toquecito.”

16. Los que fardan por el número de revolcones y rolletes de fin de semana, hasta que celebren su primer año con su pareja.

17. Los que un día creyeron en la utopía, en los sueños, en un mundo mejor y que hoy, fruto de los palos de la vida, han desistido, hasta que se convenzan de que todavía es posible.

18. Los que ya han probado de todo y están cansados de la vida, hasta que vuelvan a despertarse cada día con una nueva ilusión.

19. Los que “maquillan” continuamente su vida y fingen ser lo que no son, hasta que aprendan a aceptarse y a quererse como son.

20. Los que piensan que Dios no existe o les trae sin cuidado, hasta que le descubran en ti.


José María Escudero
Misión Joven Nº 356. Septiembre 2006

Carta de un padre a su hijo

De un padre a su hijo sobre la enseñanza de la Religión

En 1919 el diario socialista de París L’Humanité publicó una carta dirigida por un padre socialista a su hijo. Trataba de la enseñanza de la religión y fue escrita con tan buen sentido y con tanta honradez, que la creo digna de ser conocida en tiempos tan confusos como los actuales. Dice así:

“Querido hijo: me pides un justificativo que te exima de cursar la religión, un poco por tener la gloria de proceder de distinta manera que la mayor parte de los condiscípulos, y temo que también un poco para parecer digno hijo de un hombre que no tiene convicciones religiosas.. Este justificativo, querido hijo, no te lo envío ni te lo enviaré jamás. No es porque desee que seas clerical, a pesar de que no hay en esto ningún peligro, ni lo hay tampoco en que profeses las creencias que te expondrá el profesor. Cuando tengas la edad suficiente podrás juzgar, serás completamente libre; pero tengo empeño decidido en que tu instrucción y tu educación sean completas, y no lo serían sin un estudio serio de la religión.

Te parecerá extraño este lenguaje después de haber oído tan bellas declaraciones sobre esta cuestión; son, hijo mío, declaraciones buenas para arrastrar a algunos, pero que están en pugna con el más elemental buen sentido. ¿Cómo sería completa tu instrucción sin un conocimiento suficiente de las cuestiones religiosas sobre las cuales todo el mundo discute? ¿Quisieras tú, por ignorancia voluntaria, no poder decir una palabra sobre estos asuntos sin exponerte a soltar un disparate?

Dejemos a un lado la política y las discusiones, y veamos lo que se refiere a los conocimientos indispensables que debe tener un hombre de cierta posición. Estudias mitología para comprender la historia y la civilización de los griegos y de los romanos, y ¿qué comprenderías de la historia de Europa y del mundo entero después de Jesucristo, sin conocer la religión, que cambió la faz del mundo y produjo una nueva civilización?

En el arte, ¿qué serán para ti las obras maestras de la Edad Media y de los tiempos modernos, si no conoces el motivo que las han inspirado y las ideas religiosas que ellas contienen? En las letras, ¿puedes dejar de conocer no sólo a Bussuet, Fenelón Lacordaire, De Maistre, Veuillot y tantos otros que se ocuparon exclusivamente en cuestiones religiosas, sino también a Corneille, Racine, Hugo... en una palabra, a todos estos grandes maestros que debieron al cristianismo sus más bellas inspiraciones?

Si se trata de derecho, de filosofía o de moral, ¿puede ignorar la expresión más clara del Derecho Natural, la filosofía más extendida, la moral más sabia y más universal? –éste es el pensamiento de Juan Jacobo Rouseau.-

Hasta en las ciencias naturales y matemáticas encontrarás la religión: Pascal y Newton eran cristianos fervientes, Ampere era piadoso, Pasteur probaba la existencia de Dios y decía haber recobrado por la ciencia la fe de un bretón, Flammarion, se entrega a fantasías teológicas. ¿Querrías tú condenarte a saltar páginas en todas tus lecturas y en todos tus estudios?

Hay que confesarlo: la religión está íntimamente unida a todas las manifestaciones de la inteligencia humana; es la base de la civilización, y es ponerse fuera del mundo intelectual y condenarse a una manifiesta inferioridad el no querer conocer una ciencia que han estudiado y que poseen en nuestros días tantas inteligencias preclaras.

Ya que hablo de educación: para ser un joven bien educado, ¿es preciso conocer y practicar las leyes de la Iglesia? Sólo te diré lo siguiente: nada hay que reprochar a los que las practican fielmente, y con mucha frecuencia hay que llorar por los que no las toman en cuenta. No fijándome sino en la cortesía, en el simple savoir vivre, hay que convenir en la necesidad de conocer las convicciones y los sentimientos de las personas religiosas. Si no estamos obligados a imitarlas, debemos, por lo menos, comprenderlas, para poder guardarles el respeto, las consideraciones y la tolerancia que les son debidas. Nadie será jamás delicado, fino, ni siquiera presentable sin nociones religiosas.

Querido hijo: convéncete de lo que te digo: muchos tienen interés en que los demás desconozcan la religión, pero todo el mundo desea conocerla [...] Además, no es preciso ser un genio para comprender que sólo son verdaderamente libres de no ser cristianos los que tienen facultad para serlo, pues, en caso contrario, la ignorancia les obliga a la irreligión. La cosa es muy clara: la libertad, exige la facultad de poder obrar en sentido contrario.

Te sorprenderá esta carta, pero precisa, hijo mío, que un padre diga siempre la verdad a su hijo. Ningún compromiso podría excusarme de esa obligación”.


Escuela Española. 3 de junio de 2004.

Bienvenida

Sé bienvenid@. al blog de la asignatura de Religión y Moral Católica del I.E.S. Lomo Apolinario de Las Palmas de Gran Canaria