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RELILOMO

Que canten los niños

 

Decálogo para "subir" nota

Hace falta uno. . .

1  Hace falta uno que sea capaz de sobrevivir con el móvil apagado, la play estropeada o el messenger bloqueado, y no por ello tenga que encontrar desesperadamente algún culpable con quien descargar toda su ira.

2   Hace falta uno que sea capaz de salir a la calle vestido "de andar por casa", incluso, y esto va para nota, sin ninguna prenda de marca, y no por ello tenga que ir escondiéndose y buscando atajos para que no le vea ningún conocido.

3   Hace falta uno que desconozca por completo qué famoso ha sido pillado in fraganti últimamente o quién se ha divorciado en la serie del momento o quién ha puesto los cuernos en la telenovela de sobremesa, y no por ello se le suban los colores por quedar en evidencia ante los amigos.

4   Hace falta uno al que le guste hablar con la vecina del 8º que tiene 94 años y no da pie con bola o que le interese las batallitas de los abuelos del parque, y no por ello tenga que acudir al psicólogo para verificar qué anomalía tan extraña padece.

5   Hace falta uno que sea capaz de ceder y pedir perdón (aunque él lleve la razón, aunque todo el mundo sepa que es el otro el que debe excusarse) para salvar una relación de amistad, un grupo, y no por ello tenga que arrepentirse por el resto de sus días.

6   Hace falta uno que se enamore apasionadamente de sus amigos, de sus amigas, de su gente y no por ello tenga que recurrir al revolcón para corroborar que no se puede amar a una persona sin estar en posición horizontal.

7   Hace falta uno que salga de fiesta o haga botellón sin consumir una gota de alcohol, y no por ello tenga que decir a sus colegas que se está medicando.

8   Hace falta uno que gaste parte de su tiempo en una acción benéfica, ayudando a los más necesitados, y no por ello tenga que renunciar a todo su tiempo libre.

9   Hace falta uno que asista cada domingo a su parroquia o se apunte a un grupo cristiano o decida ser catequista, y no por ello se sienta un bicho raro, una especie de extraterrestre venido de otro planeta.

10 Hace falta uno que se enganche al rollo del Nazareno, que se declare amigo de Jesús, y no por ello tenga que dejarle "encerrado" en casa cada vez que salga a la calle, para que no le meta en un compromiso delante de sus amigos.

José María Escudero

Misión Joven, Enero-Febrero 2008

El niño con el pijama de rayas

Uno se acerca a cada nueva incursión en la tragedia del Holocausto con la idea de haberlo visto ya casi todo, pero acaba rendido a la evidencia de que aquel abominable capítulo de la historia nos va a seguir persiguiendo para los restos. Son tantos los títulos que han tratado de iluminar la oscura y siniestra barbarie encarnada en víctimas y verdugos, que se antoja harto improbable añadir un plus de algo, si no de horror, a situaciones mil veces recordadas y eternamente lamentadas.

Sin embargo, todavía quedan voces (plumas, en su caso) como la del joven escritor irlandés John Boyne dispuestas a explicar -imposible entender- cuanto sucedió hacia 1940 en tierras alemanas y polacas. Y por si alguien no había reparado aún en su gran éxito editorial, El niño con el pijama de rayas, su vecino, el realizador inglés Mark Herman, acaba de trasladarlo a la gran pantalla con notable resultado.

Dado el protagonismo infantil de la obra, podría caerse en el error de buscar referentes en La vida es bella, pero la comedia del italiano Benigni no admite comparaciones posibles con el drama que vehiculan a través de sus miradas y cándidos comentarios los dos personajes centrales de esta cinta. Aquí no caben fabulaciones en clave de humor de la realidad circundante, entre otras cosas porque el punto de vista no se sitúa dentro, sino fuera de la alambrada.

Con un estilo sobrio y un excelente pulso narrativo, Herman planta su cámara a la altura de los curiosos y asombrados ojos del hijo pequeño de un oficial nazi. Junto a él -y gracias a la amistad clandestina que entabla con un niño judío de su misma edad, preso en un campo de exterminio cercano a su casa- descubriremos el verdadero alcance de conceptos como la autoridad, la obediencia, la ignorancia, la inocencia y, sobre todo, la crueldad.

El traumático ingreso de ambos en el mundo adulto arrastra tras de sí tanto dolor, decepciones y mentiras, que sus rostros contrariados son el retrato callado pero terrible de una humanidad que se pregunta una y otra vez por el sinsentido de millones de muertes, mientras permanece atrapada en ese odio que causó tales estragos. De uno y otro lado de la valla, nuestros chicos aprenderán que casi nada es lo que parece, y que maldad y bondad anidan en el corazón humano de propios y extraños atendiendo a razones que ni la patria ni la familia pueden legitimar.

El niño con el pijama de rayas es la notable versión en celuloide de un libro necesario, una película que recoge -sin lagrimeo fácil, aunque con evidentes síntomas de angustia, desasosiego y desgarro interior, especialmente en su tramo final- la penúltima punzada en la conciencia de la vieja Europa ante unos hechos que podrán suavizarse, filtrarse o adaptarse, pero nunca caer en el olvido.

J.L. Celada

Vida Nueva Nº 2630

Cita con ángeles

¿Por qué la clase de Religión?

Dos palabras de introducción a este pequeño artículo que versa sobre la traída y llevada clase de Religión en nuestras Escuelas. Dos palabras absolutamente necesarias.

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De la clase de Religión, como de cualquier otro campo o aspecto de la vida, lo decisivo no son las cuestiones organizativas (cuestiones que se refieren, por ejemplo, al horario, al tiempo de cada sesión, a los materiales que se han de utilizar, etc. etc.). Todo eso, con ser muy importante, no es lo decisivo o fundamental. Lo decisivo son las razones que justifican la propia clase; lo decisivo y fundamental son los motivos por los que un padre o un alumno reclaman o piden, en el ámbito escolar, un espacio propio de formación religiosa. Eso es lo decisivo.

Aunque este espacio de nuestra Hoja diocesana no dé para exponer muchas razones, ni tampoco demasiados motivos al respecto, podemos apuntar claramente algunas razones de fondo:

Primera. La clase de Religión es respuesta a un derecho-deber de los padres, que tienen obligación ineludible de educar a sus hijos según sus propios principios y criterios fundamentales de tipo moral y religioso.

Segunda. La clase de Religión educa para comprender, debidamente, nuestro pasado y toda nuestra memoria, que es pasado y memoria cosidos con hebras de Religión. Así nuestro arte, nuestra cultura en general, nuestra literatura, nuestra filosofía o nuestras fiestas... Privar a un niño del conocimiento de la Religión, en nuestro caso de la Religión católica, es privarle de la posibilidad de que pueda conocer y comprender las raíces más genuinas de su tradición y cultura.

Tercera. La clase de Religión es una exigencia de nuestra propia realidad sociológica. Imposible comprender nuestro ser y convivir, tanto de pasado como de presente, sin referimos a los componentes religiosos que cruzan nuestra vida y costumbres por los cuatro costados. Al margen del componente religioso, todo intento de comprensión sociológica es imperdonablemente parcial e inválido.

Cuarta. La clase de Religión educa para la mejor de las ciudadanías posibles. Educa para los valores de la paz y el respeto a todos, para el reconocimiento de la dignidad sagrada de cada ser humano, hombre y mujer; educa para la solidaridad y la ayuda a los más pobres y necesitados... Es decir, educa para el amor: amor a Dios, a quien no vemos, a través del amor a los hombres, con los que tenemos que vivir y convivir...

Quinta. La clase de Religión, como servicio supremo a la educación integral del niño, ayuda al despertar de los interrogantes sobre el sentido último y definitivo de la vida. Me explico. El ser humano no se conforma, por muy pragmáticamente que viva, con saber qué va a comer o dónde va a ir de vacaciones este verano o el que viene... Tarde o temprano, necesita respuestas a preguntas más hondas. Por ejemplo: ¿por qué o para qué vivo? ¿qué sentido tiene la vida y qué sentido tiene la muerte? ¿por qué merece la pena luchar y vivir si es que merece eso la pena? ¿somos sólo para el tiempo de esta vida o anhelamos, racional y sensatamente, vivir y prolongarnos en una "tierra nueva" y un "cielo nuevo", como dice la Biblia? Esas son, queramos o no, las cuestiones decisivas...

A estas cuestiones, tan de calado antropológico, tan decisivas para vivir como hombres, ayuda la clase de Religión. Ayuda a que nazcan en el corazón del niño o joven y ayuda a darles una determinada respuesta: en nuestro caso, la respuesta que viene y es Jesús de Nazaret: su vida y su mensaje.

Pedro Moreno Magro, Delegado de Enseñanza de la diócesis de Sigüenza-Guadalajara y director de la Hoja Diocesana "El Eco"

El samaritano galáctico

Se levantó entonces un joven y dijo a Jesús:

–Mister, ¿qué debo hacer para jugar con los mejores, para convertirme en un futbolista de élite, para llegar a ser un “galáctico”?

Jesús le contestó:

–¿Cuál es el principio básico para que un futbolista triunfe?

El joven, sin dudarlo, respondió:

–Amarás y confiarás plenamente en Tu Entrenador y en tu equipo, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente.

El Señor le dijo:

–Has respondido correctamente. Haz eso y llegarás a la cumbre.

Mas el joven, que por la cara que ponía no las tenía todas consigo, se dirigió de nuevo a Jesús con estas palabras:

–Es que debes saber que mi equipo es de los flojos, nunca hemos ganado nada importante, nadie se fija en nosotros. Además ya llevamos dos temporadas que contamos los partidos por derrotas.

Jesús, intentando levantarle el ánimo le dijo:

–Hace unos años cuando la liga de fútbol palestina estaba en alza, el Jerusalén FC, debido a la política de fichajes de su presidente, se había convertido en el equipo de moda del momento y tenía aficionados por todas las partes del mundo. El presidente del club, para lograr tal objetivo, había desembolsado grandes cantidades de dinero contratando a los mejores jugadores del mundo...

A pocos kms el Sporting Samaría, cuyas arcas del club estaban semivacías, se valía de chiquillos de la provincia para sacar el equipo adelante. Todas las temporadas tenían que pasar un auténtico vía crucis para no perder la categoría...

Pues bien la suerte de un boleto de lotería quiso que el club samaritano obtuviese una gran cantidad de dinero. Ya te puedes imaginar, a los aficionados samaritanos se les hacía la boca agua pensando en un nuevo campo de fútbol para acoger a los mejores futbolistas del mundo: brasileños, europeos, argentinos... Sin embargo el presidente del club, sorprendiendo a propios y extraños destinó todo el dinero en la contratación de un entrenador... Te preguntarás qué sucedió... Pues en la siguiente temporada, en la última jornada, con un equipo plagado de jovencísimos canteranos y, además, ante el eterno rival, el Jerusalén FC, los samaritanos lograron la Liga y el pase a jugar con los mejores equipos del mundo...

Y ahora –le preguntó Jesús–, ¿qué equipo de los dos, piensas que actuó de mejor forma?

El joven contestó:

–Los que conformaron su equipo con jóvenes que pusieron toda su confianza en el Técnico.

Jesús le dijo:

–Pues vete y haz tu lo mismo. Empieza por buscar al Gran Entrenador y deja que Él y su equipo te conviertan en “un Galáctico”.

José María Escudero

Misión Joven nº 351


Sin manos, sin pies, sin preocupaciones

Sin manos, sin pies, sin preocupaciones
Sin manos, sin pies, sin preocupaciones

«Como humanos, ¡continuamente nos ponemos limitaciones sin ninguna razón! Y lo peor es ponerle límites a Dios». No tomé esta frase de un libro de autoayuda. Quien la ha pronunciado ha sido Nick Vujicic y la suelta todo sonriente… desde su pequeño cuerpo sin extremidades.

Nick nació el 4 de diciembre de 1982 en Melbourne (Australia). Sus padres tejían sueños para su recién nacido. Pero, ¡su primogénito había nacido sin extremidades! Dolor y preguntas. Muchas preguntas. Pero almas como los Vujicic encuentran respuestas rápidas para esas circunstancias: «las últimas palabras en la mente de mis padres eran "gracias a Dios"».

Cayeron las hojas del calendario y Nick llegó a la edad de asistir a la escuela. «La ley en Australia no permitía que yo me integrara a una escuela común debido a mi discapacidad física. Dios dio a mi madre la fuerza necesaria para pelear porque esa ley fuera cambiada. Fui uno de los primeros estudiantes discapacitados que fueron integrados a las escuelas comunes».

Pero claro, el mundo de los niños puede ser muy cruel a veces. Al principio llegaron las burlas, el rechazo de compañeros. Nick, con la ayuda de sus padres, sobrellevaba esto: «Sabía que yo era diferente por fuera pero en mi interior era exactamente igual a los demás». Pronto los estudiantes entendieron y, a la par, llegaron los amigos.

A pesar de las buenas disposiciones, no podían no llegar ciertas rebeldías: «¿Porqué Dios me había hecho así si Él me amaba? ¿Era porque yo había hecho algo malo?». Y continúa: «A edad temprana llegué a pensar en terminar con mis penas y mi vida».

Gracias a Dios, y a la constante y amorosa presencia de su familia, Nick salió adelante y descubrió, además, una nueva pasión: compartir su historia y experiencias para fortalecer e inspirar a otros a vivir usando su potencial al máximo.

Mucho le inspiró, para ello, aquel versículo de san Pablo: «sabemos que en todas las cosas Dios trabaja para el bien de aquellos a quienes ama» (Rom 8, 28). «Me dio la convicción de que no hay tales cosas como la suerte, el azar o las coincidencias para que estas "malas" cosas sucedan en nuestras vidas. Me sentí completamente en paz sabiendo que Dios no permitiría que algo sucediera en nuestras vidas si no hubiera un buen propósito para ello».

Hoy, a sus 21 años -y tras haberle dado a Dios toda su vida cuando tenía quince- Nick ha concluido sus estudios de comercio, planeación financiera y contabilidad. Pero, sobre todo, viaja por todo el mundo dando conferencias, especialmente a la juventud. «Me apasiona llegar a los jóvenes y ponerme en manos de Dios para lo que Él desee hacer».

Ni qué decir que Nick tiene muchísimos sueños, como construir un coche para discapacitados o escribir un libro contando su historia. ¿El título? “Sin manos, sin pies, sin preocupaciones”.

«Como humanos, ¡continuamente nos ponemos limitaciones sin ninguna razón! Y lo peor es ponerle límites a Dios». ¡Cómo quisiera afirmar que esta frase no la tomé de un libro de autoayuda, sino que hemos sido nosotros, con nuestras extremidades, quien la hemos pronunciado! Como Nick Vujicic que, con su sonrisa, sus penetrantes ojos cafés y su barba a medio afeitar, nos hace ver que para ser feliz no se necesitan ni pies ni manos.

www.buenas-nuevas.org

 

Algunas imágenes

Disparando a perros

Ni fuerzas de paz, ni delegaciones mediadoras, ni misión de la ONU, ni... Sólo Dios y quienes sufrieron en sus carnes -y en las de sus familiares, amigos y vecinos- la barbarie del genocidio ruandés conocieron el alcance real de un conflicto que se cobró cerca de un millón de vidas. Pero hubo alguien más que se erigió también en testigo de tales atrocidades, unos cuantos hombres y mujeres que, movidos por su amor a ese Dios, se comprometieron hasta las últimas consecuencias con aquel pueblo sumido en el horror y olvidado por el mundo. Fueron los misioneros: para unos la cara más "amable" de la Iglesia; para otros, su voz más "profética"; para casi todos, la última reserva de una humanidad en peligro de extinción.

De su presencia en el país africano durante aquellos trágicos meses de 1994, apenas si dan cuenta algunos testimonios rescatados a la memoria profanada por la sangre, el miedo o el olvido. Y uno de esos recuerdos, sometido a las traiciones (transmisiones) orales y a los códigos del celuloide, es el que ahora llega a la gran pantalla en forma de historia filmada. Se llama Disparando a perros -título tan sobrecogedor como ilustrativo-, y narra lo ocurrido en un mes de abril de hace ya 13 años en la Escuela Técnica Oficial de Kigali, convertida en improvisado refugio para miles de personas que huían de las matanzas indiscriminadas de civiles. No fue el único lugar que abrió sus puertas al hambre y la desesperación. Ahí está, sin ir más lejos, Hotel Rwanda (2004).

Sin embargo, a diferencia del notable trabajo de Terry George, un episodio ejemplar de auxilio humanitario, esta nueva aproximación al salvaje enfrentamiento entre hutus y tutsis (dudosa e interesada simplificación occidental de una guerra étnica cuya mecha prendió en la propia Europa) adquiere una singular carga de profundidad gracias a la directa implicación de uno de esos servidores del Evangelio a que aludíamos al principio. Su entrega a los más desvalidos no es sólo una lección de solidaridad humana y comunión cristiana, sino un picaporte para las conciencias y un soplo de esperanza en medio del caos y la muerte.

Tras varias décadas en el país de las mil colinas, nuestro protagonista suponía haber visto de todo, pero aquella Semana Santa de 1994 descubrió el verdadero significado de la Pasión, el peso de la Cruz: la crueldad entre compatriotas, la miseria moral de la indiferencia internacional, el dolor extremo... Todo ello confrontado con la necesidad constante de asumir responsabilidades y tomar decisiones. Momentos que ganan en intensidad dramática cuando el religioso (John Hurt) se somete a los juicios apresurados de un joven profesor (Hugh Dancy) cuyo idealismo inicial se va tornando cobardía y egoísmo.

Se suceden las preguntas, las dudas se multiplican, hasta que llega la hora de mirar de frente a la realidad y asumirla con todo su potencial, de futuro y de fracaso. No basta con supervisarla, sin intervenir, como tienen ordenado las tropas belgas destacadas en la zona. Pero tan sólo desde la fe se consigue dar ese paso sin caer en ingenuidades ni heroísmos.

Por eso, ni los medios de comunicación, ni Naciones Unidas, ni los propios ruandeses logran sobrevivir a la áspera e incómoda verdad de Dispararando a perros, un film teriblemente duro, nada complaciente, pero imprescindible para poder entender que cualquier ser humano, en el rincón más remoto del planeta, vale más que todas las reivindicaciones políticas, las disputas tribales o las gestiones diplomáticas. Mientras, y a falta de misiones humanitarias, que humanicen, ahí están los de siempre, con esos incansables compañeros de camino, que comparten, consuelan y celebran. ¿Qué otra cosa es la vida?

J.L. Celada

Vida Nueva, 14 de Abril de 2007

 

¿Existe Dios?

Razones para creer:

1. La creación con su belleza, su armonía, su exuberancia, su gratuidad, su grandiosidad... (Dios ha escrito muchos libros. Los dos más importantes son la Biblia y la creación).

2. El maravilloso «diseño» del cuerpo humano: esa fenomenal máquina fotográfica que son los ojos, los miles de movimientos de nuestros dedos y manos: ¡ni el mejor robot! Etc, etc. ("Bastaría contemplar la maravilla de un ojo para creer").

3. La Fe ayuda a vivir con sentido, ayuda a «saber»... Es bueno creer en algo, en Alguien. Sólo si existe Dios hay una respuesta al por qué y para qué último de nuestra existencia. La fe es una respuesta razonable y «maja» a los grandes interrogantes sobre el sentido de la vida, el origen y el destino del hombre, etc.

4. La Fe es un valor que viven mis padres y me lo han transmitido con libertad. Siento que la Fe me ha sido regalada... ¡y es un buen regalo! No pierdes nada con creer.

5. Mi misma existencia, el regalo de vivir, el misterio de la vida que nace cada día...

6. Los deseos profundos del corazón humano; deseos de felicidad, de libertad, de vida para siempre... ¿quién los ha puesto ahí dentro? ¿por qué están? ¿quedarán un día satisfechos?

7. Porque hay mal, porque hay dolor, porque hay injusticia... creo en Dios. Tiene que haber Alguien que ha­ga justicia a aquellos que han sido siempre tratados injustamente...

8. La necesidad que tenemos de Dios ¿quién la ha puesto en el corazón humano? ("Yo no sé si existe Dios, só­lo sé que lo necesito").

9. La búsqueda sincera de Dios expresada en la existencia de tantas religiones.

10. La bondad que hay en el mundo y en tantas personas, fuera y dentro de la Iglesia. (También: "porque hay mal en la Iglesia, creo en Dios"; sin Dios ya se habría "hundido esta barca").

11. La experiencia de tantos creyentes narrada en la Biblia.

12. Los millones de personas que son coherentes con la Fe que practican. ¿Tantos millones y millones de per­sonas se han podido equivocar, o nos han querido engañar?

13. La persona, tan rica en humanidad, de Jesús DE NAZARET. ¡Qué gran hombre! ¡Insuperable! "Tan profundamente humano, sólo Dios puede serlo". ¡Lo que hace Dios en las personas que "se lo toman en serio"!

14. Mi pequeña experiencia personal de que los valores de Jesús vale la pena vivirlos: el poder llamar a Dios Padre, su preocupación por los más pobres y pequeños, el camino de felicidad que ofrece...

15. La Fe, la confianza que me merece Jesucristo.

16. Las personas, por ejemplo misioneros, que viven como Jesús, que son Jesús hoy. ¿De dónde sacan «ener­gía» para hacer lo que hacen v vivir como viven?

17. Porque se puede dar alguna humilde respuesta a las razones para no creer, puestas abajo.

 

18. Porque me encuentro más razones, y de más «peso», para creer que para no creer.

19. Porque puestos a apostar en la vida por el Sí o el No a Dios, prefiero apostar por el Sí.

20. Porque no encuentro razones válidas para dejar de serlo. ¿Dónde voy a estar mejor que en casa?

(Añade otras).

Razones para dudar:

1. Las ambigüedades y contradicciones no aclaradas entre la ciencia v la Biblia... La ciencia va da respuesta, y más exacta, a cosas que salen en la Biblia. "La ciencia es más creíble y explica casi todo".

2. Que nadie ha visto a Dios. Y ¿quién ha creado a Dios?

3. La existencia del mal: guerras, hambre, enfermedades, desigualdades, violencia... y muerte.

4. ¿No inventaremos nosotros a «Dios» porque le necesitamos? ¿No será invención nuestra?

5. La muerte injusta de tanta gente buena... v el no castigo de los malos.

6. La proliferación de religiones que dicen ser todas verdaderas.

      7. La incoherencia de personas e instituciones que se dicen cristianas v de Iglesia.

      8. La "cara" de algunos en la misa... ¿están «celebrando»(!)? ¿ su Fe en Dios? No se nota.

      9. La existencia del infierno, ¿cómo es posible si Dios perdona?

      10. ¿Se duda o se huye del compromiso que comporta la vida cristiana?

(Añade otras).

 

Grita

Las columnas de Heracles

 

¿Por qué ahora le tengo que preguntar a Dios por qué?
Las columnas de Heracles
Las columnas de Heracles

“Lloré cuando estaba en el túnel a punto de entrar en el campo. En el momento en que salí a la cancha todos los hinchas del estadio estaban de pie aplaudiendo. Algo maravilloso, que no se ve todos los días. El recibimiento fue memorable. Hasta el día de hoy no tengo palabras para describir esa emoción”.

Así entraba al terreno de juego Julio González, actual jugador del Tacuary, equipo de primera división de la liga paraguaya de fútbol. Era el 16 de noviembre del 2007. Fue su primer partido después de lo que pasó en diciembre de 2005…

El futuro para un joven futbolista no podía pintar mejor. A sus 24 años ya había salido de su país para jugar en un equipo de la liga italiana. Fue seleccionado para vestir la camiseta de su nación y además iba a jugar el mundial de fútbol de Alemania 2006. Amaba a su esposa y a sus hijos. Una vida perfecta.

Pocos días antes de la Navidad del 2005 conducía su vehículo hacia el aeropuerto de Venecia con la intención de regresar para esas fechas a su país. En el camino sufrió un grave accidente. A pesar de los esfuerzos de los doctores le tuvieron que amputar el brazo izquierdo.

¿Qué no pasaría en esos momentos por la mente de un joven, a quien el mundo le estaba ofreciendo gloria, honor, fama,… y al que en un segundo se le esfumaba todo? La vida de Julio parecía un castillo de naipes que se derrumbaba con un golpecito.

Esta situación vivida por Julio, Luigi Giussani la llama “experiencia de riesgo”. “Es un hiato, un abismo, un vacío…”, donde se presentan radicalmente dos caminos: hundirse en lo profundo de la desesperación o escalar el camino a pesar de las contrariedades de la vida. Después de una experiencia así, no se puede ser el mismo.

Giussani, para plasmar esta idea, usa la imagen mítica de Ulises en su viaje marítimo que le llevaría más allá de las columnas de Heracles. Estas columnas marcaban en ese tiempo el límite de navegación.

Ir más allá implicaba un gran riesgo, aventurarse en un camino inexplorado, introducirse en lo desconocido. Ulises sentía que tenía que tomar la decisión fundamental de seguir esa nueva ruta. Lanzarse. No dejarse vencer por lo límites. Algo le movía a ello.

Julio González, después de su accidente, se encontraba ante sus propias columnas de Heracles. Igualmente había algo que le empujaba a lanzarse. "Dios me regaló el fútbol, una familia, hijos sanos, me regaló poder ir Italia, jugar en mi selección y en todos esos momentos yo nunca le pregunté por qué”, afirmó.

“Estando en el hospital me dije a mí mismo: ¿Por qué ahora le tengo que preguntar a Dios por qué? Debía aceptar las cosas que me estaban pasando y tomar todo en el aspecto más positivo".

Con valor emprendió su nuevo viaje más allá de sus columnas de Heracles.

Su vida cambió esencialmente. Sigue siendo ese hábil futbolista, pero el accidente le tocó las fibras más sensibles de su vida. “Ahora amo la vida más que nunca, comprendí que no vale la pena luchar por cosas materiales, como antes lo hacía. Me importan mis hijos, la salud, las cosas simples y esenciales".

A Julio, la falta de un brazo, no le ha detenido para volver a las canchas del fútbol profesional. Le quedan muchos goles por meter, pero ya ha metido el gol más importante de su vida: ¡Optar por vencer los límites que este mundo le ha puesto para vivir con esperanza!

¡Ánimo, Julio!

www.buenas-noticias.org

El sueño de Dios

Y mira que había visto cosas extrañas en su vida...., pero ¡vamos!, hasta esos términos...¡no! El joven Javier estaba frente a una pequeña tienda, cuyo escaparate contenía un rótulo que, a malas penas, podía descifrarse: "Se venden sueños"

Javier, preso de una enorme curiosidad no se lo piensa dos veces y entra como una exhalación al interior... Acaso ¿no entraríais vosotros?... ¡Pues pasad, pasad, no os quedéis en la puerta!J

¡Vaya desilusión! Javier estaba a punto de dar marcha atrás, pues el pequeño habitáculo estaba vacío: ni un mostrador, ni unas cajas, ni una simple nota aclaratoria... Nada de nada. Menos mal que al instante, por arte de magia o, mejor dicho, por el sublime arte de los sueños, una anciana aparece en escena... ¿La veis?... ¿No? Pues cerrad los ojos... ¿Ya? ¡Bien, sigamos!

- Buenas tardes, joven. ¿Desea algo?

- Hola, no, no... O sí, bueno, no sé... Es que he leído lo que ponía en el escaparate, pero ya veo que andan de reformas...

- ¿Cómo? No, no -le sonríe tiernamente la anciana-, es que los sueños les tenemos en el interior... No paran quietos, apenas alguien abre la puerta y ya quieren echar a volar... Y es que ya se sabe: "los sueños, sueños son"

- Ah, bueno- dice Javier, no muy convencido y empezando a dudar de la salud mental de la anciana. Mire -se vuelve a dirigir a Javier-, le voy a mostrar los tipos de sueños que tengo, a ver si se decanta por alguno...

La anciana, en un santiamén, se escurre por la puerta por donde había salido segundos antes y, al instante, sale radiante de felicidad con varias bolsas en ambas manos.

- Aquí tenemos -la anciana señala una de las bolsas- medio kilo de sueños con jaqueca. Sí, ¡no ponga esa cara! Le puedo asegurar que la clientela me los quita de las manos... Este sueño es el favorito de aquellos que llenan sus existencias de placeres mediocres: una borrachera, un revolcón, un rollete de fin de semana... ¿Mas sabe por qué lo hacen? Pues precisamente, para no enfrentarse a las realidades de sus vidas de cada día... ¡Claro! al principio funciona: sueñan, sueñan, sueñan... Pero desgraciadamente al final despiertan, y con un dolor de cabeza que no te quiero ni contar. Este otro -señalando otra de las bolsas- es el producto más solicitado. Aquí hay kilo y medio de sueños sin agallas. Lo adquieren aquellos que se conforman con bien poquito. Los que vienen son buenos chavales, llenos de sueños, llenos de vitalidad, pero no sé lo que les pasa que, al final, sus sueños revolucionarios y utópicos quedan reducidos al botellón con los amigos, a la moto prometida por sus padres o al último modelito que ha salido en el mercado... Esta bolsa que ve aquí contiene dos kilos y medio de sueños ligth, sueños sin azúcar, sin conservantes ni colorantes, pero también sueños sin pasión, sin locura, sin juventud, sin vida. Finalmente esta última bolsa contiene tres kilos y cuatrocientos gramos de sueños marineros. No piense que los que adquieren este producto sueñan con la inmensidad del mar o con el riesgo a lo desconocido... Estos se pasan media vida soñando cómo navegar más y mejor por la red, y es que sueñan con su media naranja o con la posibilidad de hacer "amigos sin complicaciones", todo ello sin levantarse del sillón y sin despegar la vista del ordenador... Bueno, en fin, le podía enseñar alguno más pero...

- No, no hace falta- le cortó Javier, cada vez más interesado en la conversación con la anciana, así que se atrevió a preguntarla:

- ¿Y cuál es el sueño más grande que tiene, aquel que usted considere más importante?

- ¿El sueño más grande? Puff, bueno, no creo que le interese, pero de todas formas se lo voy a decir: el sueño más grande que tengo es, sin duda alguna, el sueño de Dios.

- ¿Eh? ¿Qué me dice? ¿Y cómo es? ¿Cuánto pesa? ¿Me lo podía usted mostrar, si fuese tan amable?...

La anciana enmudece y se dedica a mirar de arriba abajo y repetidas veces a nuestro amigo. Después empieza a ponerle nervioso paseando en torno a él y sin despegarle en ningún momento la mirada. Finalmente. se acerca a él y le susura al oído:

- El sueño de Dios debe pesar unos 85 kilos.

- ¡Qué casualidad! -responde con entusiasmo el joven-, ¡lo mismo que yo!

- ¿En serio? -esboza una enorme sonrisa la anciana-. A ver si es que el sueño de Dios es precisamente usted...

- ¿Cómo?... El joven no acaba de creérselo, agacha la cabeza y se mira una y otra vez. Al final, cuando le va a preguntar algo, la anciana ha desaparecido, él ya no se encuentra en la tienda y a su alrededor empiezan a despertar un montón de jóvenes tan soñadores como él...

Y a todo esto, vosotros, ¿qué hacéis ahí como pasmarotes? ¡Abrid bien los ojos, que estamos a punto de cerrar la tienda! ¡Venga, largo! ¿O acaso también queréis adquirir el sueño de Dios...? Pues venga, ¡a la báscula!

José María Escudero

Misión Joven nº 358

 

La Iglesia naciente

Parte 1

Parte 2

Parte 3

Lee y vive la Biblia

 

 

Las mujeres que Jesús no condena

Entonces le presentaron a Jesús varias mujeres “sorprendidas” en distintas situaciones que los escribas y fariseos de estos tiempos tienen la certeza que son meritorias de condena…

Para que Jesús las condenara, apelaron a la ley del más fuerte, a las leyes del Imperio, a las leyes de la guerra sucia, a las técnicas y estrategias de lucha contra el terrorismo, a las leyes de la religión acomodada (o las leyes acomodadas de la religión), a las leyes del mercado y a las nuevas leyes aprobadas por el Congreso (las que “sutilmente” violan los derechos humanos)

Jesús no tenía escapatoria esta vez, pues tenía todo el peso de las múltiples leyes para condenarlas.

Todo estaba claro... ¿Para qué juicios prolongados? ¿Para qué un abogado defensor si la certeza era absoluta?¿Para qué gastar tiempo en escucharlas si nada nuevo tenían para decir?¿Para qué gastar plata en gente que no es útil?¿Para qué aumentar el número de los que no compran y menos producen?

Por eso, aprovecharon para traerlas a todas juntas. Le trajeron:

- Una mujer con retraso mental que había sido violada y sus familiares cercanos querían hacerla abortar…

- Una mujer indígena que se había opuesto a que le quitaran las tierras que su comunidad habita desde remotos tiempos y que son sus legítimos dueños…

- Una mujer campesina que había abierto los caminos públicos, cerrados con tranqueras y candados por un potentado que quería ampliar su cerrada propiedad para abrirla al narcotráfico...

- Una mujer golpeada que quiso librarse del compañero que la maltrababa y por ello se había ido de casa…

- Una mujer-niña que robaba en las calles y cuyas ganancias iban a parar a otras manos…

- Una mujer de piel negra que estaba en una manifestación por los derechos de las mujeres y varones de su color…

- Una mujer que comercializaba su cuerpo porque no tenía otro medio de ganarse la vida y alimentar a sus hijos…

- Una mujer con Sida que había sido contagiada por su compañero y por ello había ejercido violencia contra él…

- Una mujer que, en un barquito, trataba de huir de la violencia, la pobreza y la mala vida hacia un sueño costero…

- Una mujer joven y de “buena familia” que buscaba comprender el atractivo y la seducción de su genitalidad…

- Una mujer que era violada desde hace años por su patrón y al nacer su hijo, en un ataque de desesperación, lo había tirado…

- Una mujer que se negaba a mutilar su clítoris porque quería respetar la integridad de su cuerpo y su derecho a gozar en todas las dimensiones de su sexualidad…

- Una mujer-niña que se había escapado de un orfanato porque se sentía ahogada y maltratada…

- Una mujer que protestaba contra la guerra sanguinaria de los que inventan la guerra para hacer buenos negocios con la sangre, la destrucción y el petróleo…

- Una mujer feminista que luchaba por reivindicar sus derechos de género…

- Una mujer, aun muchachita, que vivía en las calles y se drogaba junto con sus compañeras y compañeras de intemperie…

- Una mujer que celebraba la muerte del dictador…

Recuerdo solo estas…aunque eran muchas más las mujeres que le trajeron a Jesús. No exhibieron documentos, pero sé que había de Asia, África, América, Europa y Oceanía…de países mundialmente famosos y de otros no tanto, de algunas familias de apellido conocido y muchas que eran sólo un número…¿fue una casualidad?

Y Jesús se puso a escribir en la tierra cosas ininteligibles. ¿qué habrá escrito? ¿quién sabe?. Alguno pensó que había escrito “dame paciencia”; otros, “¿qué hago con estos tipos?”; otros, pensaron que estaba dándose tiempo para la respuesta porque estaba un poco desorientado; otros, creyeron que estaba repasando el derecho civil, el derecho penal, el derecho canónico, el derecho torcido de los que siempre vuelcan la balanza de la justicia para su lado…para ver qué artículo citar y salir bien parado de esta situación; algunos, creyeron ver en sus ojos cómo elaboraba su ira…

Pero lo que muy pocos percibieron, o casi ninguno, fue que Jesús, en realidad, “se inclinó” frente a las mujeres que le habían colocado delante pidiéndoles que se “erigiera” como Juez Supremo.

Esta vez, no dijo “el que no tenga pecado, que tire la primera piedra”...porque conocía la tela de los que querían la condena de todas ellas. Los había cargados de orgullo, creídos que eran los limpios, los salvadores del Impero o del planeta, los puros, los religiosos, los defensores de la familia, los guardianes de las iglesias…

Jesús tuvo temor de que les hicieran daño a estas mujeres…Por eso, no volvió a repetir la frase de aquellos tiempos. Esta vez, después de inclinarse frente a ellas un buen rato, se levantó, tomó con sus manos el mentón de cada una de estas mujeres y, cariñosamente, lo levantó, para que no siguieran mirando hacia abajo avergonzadas, sino que recuperaran su dignidad. Luego, las miró transparentemente a sus ojos…a cada una…

A algunas…, les dijo: “busquemos juntos alguna alternativa diferente”.

A otras, les dijo: “sigan adelante, yo estoy con ustedes. Tienen un coraje admirable”.

Y a todas,…todas…les dio un abrazo, las trató de igual a igual…y les dijo: “yo no te condeno”…

Todos, comenzando por los más poderosos y terminando por algunos no tan poderosos (pero bien machistas), pasando por los defensores de “los valores tradicionales”…(pero olvidadizos de la justicia y la misericordia), se fueron retirando. Estaban desilusionados…porque el Señor de los Ejércitos, el Dios Todopoderoso, El Cristo Rey, el Señor de los Señores, no había cumplido la misión encomendada…

Claro, “si era sólo Jesús de Nazaret el hijo del carpintero y la muchachita esa…

Francisco Murray

INDONESIA

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